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¿Revolución? ¿Revuelta? Concienciación y buena praxis

3 junio 2009

hacia donde vamos?

¿Revolución? ¿Revuelta? Concienciación y buena praxis de la nueva política

Los acontecimientos que estamos viviendo durante estos últimos años, como la guerra contra el terrorismo internacional, el cambio climático, la crisis de alimentos, y especialmente la crisis económica global, han puesto de manifiesto lo que se intuía y se había advertido desde innumerables movimientos sociales, y por diferentes analistas internacionales: El colapso del sistema. Así como el comunismo no fue lo que prometía, el capitalismo ha cumplido lo que de él se esperaba.

No pretendemos hacer una análisis sobre las causas y consecuencias de este derrumbe del sistema capitalista, puesto a que a día de hoy,  quién más quién menos, conoce o tiene su teoría sobre el porque de este colapso. La reciente crisis económica que estamos viviendo ha provocado que un creciente número de personas, muchas veces alejadas de los movimientos sociales que apuesten por un cambio, este poniendo en duda la posibilidad de salida a la situación actual con las conocidas y sufridas recetas liberales. Cada vez son más los que se preguntan que podemos hacer, y cada vez son menos los que no abogan por la necesidad de una reorientación del sistema.

el colapso del sistema

Lo cierto es que la disparidad de opiniones y alternativas, ha hecho imposible unificar los criterios de cambios, y en ese sentido muchos nos sentimos huérfanos, al no encontrar ideologías que merezcan nuestro apoyo, respeto, o esperanza.

No cabe duda que el cambio necesario es de enorme magnitud y es por ello que desde algunos sectores, no se vea la posibilidad de cambio si no es desde una perspectiva revolucionaria. Dejando de lado el significado literal de “revolución” (cambio o transformación radical y profunda respecto al pasado inmediato) que sin duda no acercaría mucho a la definición de lo que debería surgir, cabe decir que desde aquí no creemos que el proceso a llevar a cabo deba englobarse en lo que conocemos habitualmente como revolución. Si echamos la vista atrás, podremos ver hasta que punto el éxito de los movimientos revolucionarios ha sido escaso, y que los pocos que en algún momento triunfaron no consiguieron lo que prometían. Posiblemente porque el marcado acento ideológico de las revoluciones, ha comportado que en nombre de esas ideologías se llevaran a cabo injusticias de todo tipo, cuando no atrocidades. Es ese componente ideológico de las revoluciones el que no ha permitido, en la mayoría de casos, que se llevaran a cabo políticas basadas en necesidades, pues la solución a estas muchas veces confrontaba directamente a la propia ideología revolucionaria.

revuelta

Por otro lado muchas revoluciones sufrieron de la propia capacidad para llevarlas a cabo, por una sencilla falta de formación y conocimiento en la aplicabilidad de los cambios, de la propia élite revolucionaria. Sirva de ejemplo la multitud de pseudo  revoluciones que se ha llevado a cabo desde la izquierda latinoamericana, y que debido al déficit histórico de educación de este sector social, no han podido cumplir con lo que prometían en origen, básicamente por la incompetencia de sus líderes, o falta de recursos humanos competentes (e incorruptibles). Esta situación ha llevado en algunos casos a transformar esos movimientos revolucionarios, en regímenes autoritarios entregados a los designios de las pocas mentes brillantes y formadas, de la revolución (como podría ser el ejemplo de Cuba)

Pero en la historia de las revoluciones, han sido más las fracasadas que las triunfantes, y en el origen de su fracaso la mayoría de veces ha estado el éxito del sistema. O bien por que los movimientos revolucionarios ha sido combatidos y exterminados (como en el caso del sandinismo en Nicaragua), o bien por que el sistema  mismo se ha encargado de engullirlas y hacerlas propias (como el movimiento hippie, o el mayo del 68). En otros casos movimientos revolucionarios que en un principio triunfaron no solo fueron adaptados por el sistema, sino que incluso fortalecieron este pervirtiendo la propia ideología revolucionaria. Sirva como ejemplo que podríamos estar escribiendo esto tomando café en una taza, made in USA, con la efigie del Ché Guevara.

la revolución vende

Es por ello que podemos afirmar que las posibilidades de éxito de un movimiento revolucionario son escasas, además de que el temor que suscita la palabra revolución en una gran parte de la población, le resta efectivos reales a las estrategias de cambio, por mucho que este sea anhelado por una inmensa mayoría.

Pasaría lo mismo si habláramos de revuelta, ya que el carácter violento de la revuelta impide su propio éxito, puesto que en ese sentido el sistema respondería con igual o mayor violencia, a cualquier signo de rebelión. Aún así la revuelta se asemeja más a la estrategia para el cambio necesaria, por su espontaneidad, y su carácter más personal que ideológico. Es por ello, que el cambio revolucionario deberá hacerse con pequeñas revueltas, con la paradoja de que la estrategias usadas no podrán identificarse como un movimiento revolucionario ni como una revuelta, ya que como hemos constatado el sistema no suele tolerar ataques directos, ni existe base social antisistema suficiente para ello, ni apoyo general a sus propuestas. Esa es, quizá, la característica principal del cambio que está por venir, ya que la necesidad de este no esta patrocinada por una clara oposición al sistema, si no que está encarnada en los propios individuos que lo forman y lo defienden. En ese sentido, no podemos realmente hablar de cambio, si no de transformación. Vale la pena acercarse a la teoría de la TAZ (zonas temporalmente autónomas, en su acrónimo en inglés) del filósofo referencia de la cultura hacker, cyberpunk, o tecno –rave, Hakim Bey, par entender el concepto de la revolución desde espacios temporales que eluden las estructuras formales de control del sistema. La temporalidad y espontaneidad de los cambios, así como el carácter festivo de la transformación (cambio, revolución, o revuelta), se presume como una estrategia mucho más válida y realista, para incidir en el cambio, pero no la única.

hakym bey

Durante años hemos presenciado como la izquierda, paradigma de las revoluciones sociales, se ha caracterizado por acogerse a la crítica del sistema sin tener una verdadera opción constructiva. Se han pasado decenios quejándose si aportar alternativas realistas, con la miopía creciente de culpar al sistema de todo lo malo, y apoyando movimientos mucho más destructivos que constructivos. El ejemplo más claro de ello, han sido los diferentes movimientos antisistema, encarnados en variopintos grupos anárquicos, mucho más preocupados del enfrentamiento, y de la respuesta violenta, que de la transformación del propio sistema que alimenta sus desafíos. Su actitud y estrategias han provocado que los propios grupos sociales que pretenden defender, se hayan opuesto a sus prácticas con el único resultado del descrédito de sus reivindicaciones. Y es que a nuestro entender, estos movimientos, e incluso la izquierda más moderada, han cometido el error de no saber ver las bondades del propio sistema, y las herramientas que el mismo  tiene para su transformación. Y es que en ninguna cabeza reflexiva cabe, dudar del progreso enorme que el capitalismo ha llevado a nuestras sociedades. Aunque es patente que han sido muchos los problemas, y trágicas las consecuencias de su aplicación, nadie puede negar que la humanidad se encuentra en un momento de enormes posibilidades, y que no sólo es difícil romper con ello y echarse atrás, sino que además parece insensato poner freno a los niveles de progreso a lo que hemos llegado.

Es por ello, y en resumen, que el cambio no puede ser entendido sino como transformación, o mejor dicho, como evolución.

unirse en la evolución

Esta evolución deber llevarse a cabo no solo desde la perspectiva política o económica, sino que también debe verse reflejada en lo social, tanto en el conjunto como en el individuo. Entendemos pues, que esta evolución que esta por venir, (no nos cabe la menor duda de que tarde o temprano se llevará a cabo esa transformación, sea por propia  decisión o obligados por la urgencia) debe tener un fuerte componente individual. La concienciación que como seres autónomos debemos adquirir, respecto a como afectan nuestras decisiones individuales al entorno (social o medioambiental), urge como primer escalón evolutivo que genere un siguiente paso hacia la acción. Hacernos cargo de nuestra propia responsabilidad como elementos de la sociedad y muy especialmente como consumidores activos de esta, es un paso obligado, y en ese sentido el desarrollo de una cultura del consumo responsable resulta un paso ineludible, que deberá verse acompañado de un cambio de actitud en la forma de entender y actuar en nuestras relaciones personales, sociales, y con el planeta. No basta pues con la opción individual entendida como “tratar de ser mejores”, debemos analizar personal y concienzudamente, las consecuencias de nuestras acciones mundanas, a fin de constatar como cualquier gesto aparentemente inocente, fortalece un sistema injusto  que comporta sufrimiento a un tercero, que no por encontrarse alejado de nuestra presencia, es menos real. En ese sentido es crucial conocer las consecuencias de nuestra participación como consumidores, y tratar de tender hacia una conciencia de la humanidad como un único ser, indisoluble por razones tan anticuadas, como la raza, el extracto social, o la lejanía geográfica. Entender la humanidad como “una” resulta trascendental para la cometida de la evolución.

ser todos uno

Pero no podemos esperar que con una mayor concienciación que provoque cambios individuales y sociales, vaya a ser suficiente para llevar a cabo esa evolución. Nada podrá cometerse, si esa evolución no es ejecutada y entendida por el panorama político. En ese sentido cabe desterrar esa postura tan extendida de incomprensión (merecida o no) hacia la clase gobernante, y ese desinterés creciente de la ciudadanía a la participación política. Es la acción política la única con el poder de ejecutar cambios reales, de acelerarlos y de llevar a cabo verdaderas acciones resolutivas. En ese sentido se pueden dibujar varios escenarios. Uno en que la propia clase política que como seres individuales, participen de la concienciación social general, y entienda lo que la sociedad reclama y actúe en consecuencia. Escenario que aparentemente con la clase política actual parece difícil, y no ausente de ese peligro de apropiación de la revolución  por el sistema, ya comentada. El otro escenario es el surgir de nuevos movimientos políticos. Escenario que tampoco está exento de peligros, como el resurgir de autoritarismo, o del populismo. Es por ello que esa creación de nuevos movimientos políticos no podrá ser entendida ni ausente de riesgos, sin un clarividencia en las políticas a desarrollar, que lejos de basarse en ideologías, deberán establecerse en la identificación de necesidades y en el desarrollo de acciones únicamente pensadas para la satisfacción de estas. Para ello resulta imprescindible, no solo el trabajo de identificación, si no sobretodo el análisis de actividades plausibles, y la identificación y formación de gestores capaces técnicamente de llevarlas a cabo.

construir nuevas políticas

En resumen, el cambio anhelado por una creciente y descontenta sociedad, no podrá llevarse a cabo sin una concienciación de esta y sin unas políticas en consecuencia, que deje de lado las ideologías y se centre en las exigencias y acciones concretas que las necesidades requieran. Por todo ello desde este espacio pretendemos a portar nuestro granito de arena a la construcción de esas políticas, que como este blog, no tendrán sentido sin la participación ciudadana.